martes, 26 de febrero de 2013

""Biblia y tradicion""

"""""Biblia y Tradición""""

CATOLICO CONOCE TU IGLESIA
""BY;HILARIO LARRY TORRES,""

Después de esto podemos decir que la revelación divina ha llegado hasta nosotros por la Tradición Apostólica y por la Sagrada Escritura. No debemos considerarlas como dos fuentes, sino como dos aspectos de la Revelación de Dios. El Concilio Vaticano II lo describe muy bien: «La Tradición Apostólica y la Sagrada Escritura manan de la misma fuente, se unen en un mismo caudal y corren hacia el mismo fin». La Tradición y la Escritura están unidas y ligadas, de modo que ninguna puede subsistir sin la otra.

Además, la Sagrada Escritura presenta la Tradición como base de la fe del creyente: «Todo lo que han aprendido, recibido y oído de mí, todo lo que me han visto hacer, háganlo» (Fil.4,9). «Lo que aprendiste de mí, confirmado por muchos testigos, confíalo a hombres que merezcan confianza, capaces de instruir después a otros» (2. Tim. 2,2).

«Hermanos, manténganse firmes guardando fielmente las tradiciones que les enseñamos de palabra y por carta» (2 Tes. 2,15).

Está claro que el Apóstol Pablo, para confirmar la fe de los cristianos, no usa solamente la Palabra de Dios escrita, sino que recuerda también de una manera muy especial la Tradición o la predicación oral.

Para el Apóstol las formas de transmisión del Evangelio: Sagrada Escritura y Tradición, tienen la misma importancia. En realidad, una vez que se escribió el NT no se consideró acabada la Tradición Apostólica, como si estuviera completa la Revelación Divina. La Biblia no dice eso; en ninguna parte está escrito que el cristiano debe someterse ¡sólo a la Biblia! Esta es una idea que surgió entre los protestantes recién en los años 1550. En la Iglesia Católica hubo siempre una conciencia clara sobre la importancia de la Tradición Apostólica, sin quitar a la Biblia el valor que tiene.

¿Sólo la Biblia?

Es un error creer que basta la Biblia para nuestra salvación. Esto nunca lo ha dicho Jesús y tampoco está escrito en la Biblia. Jesús, reitero, nunca escribió un libro sagrado, ni repartió ninguna Biblia. Lo único que hizo Jesús fue fundar su Iglesia y entregarle su Evangelio para que fuera anunciado a todos los hombres hasta el fin del mundo.

Fue dentro de la Tradición de la Iglesia donde se escribió y fue aceptado el N.T., bajo su autoridad apostólica. Además la Iglesia vivió muchos años sin el N.T., el que se terminó de escribir en el año 97 después de Cristo. Y también es la Iglesia la que, en los años 393-397, estableció el Canon o lista de los libros que contienen el N.T.

Por tanto, si aceptamos solamente la Biblia, ¿cómo sabemos cuáles son los libros inspirados? La Biblia, en efecto, no contiene ninguna lista de ellos. Fue la Tradición de la Iglesia la que nos transmitió la lista de los libros inspirados. Supongamos que se perdiera la Biblia, en ese caso la Iglesia seguiría poseyendo toda la verdad acerca de Cristo, la cual hasta la fecha ha sido transmitida fielmente por la Tradición, tal como lo hizo antes de escribir el NT.

Los evangélicos, al aceptar solamente la Biblia, están reduciendo considerablemente el conocimiento auténtico de la Revelación Divina. Guardemos esta ley de oro que nos dejó el apóstol Pablo: «Manténganse firmes guardando fielmente la Tradiciones que les enseñamos de palabra y por carta» (2 Tes. 2,15).

El Magisterio de la Iglesia

La Revelación Divina abarca la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura. Este depósito de la fe (cf. 1 Tim. 6, 20; 2 Tim. 1, 12-14) fue confiado por los Apóstoles al conjunto de la Iglesia. Ahora bien el oficio de interpretar correctamente la Palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia. Ella lo ejercita en nombre de Jesucristo. Este Magisterio, según la Tradición Apostólica, lo forman los obispos en comunión con el sucesor de Pedro que es el obispo de Roma o el Papa.

El Magisterio no está por encima de la Revelación Divina, sino que está a su servicio, para enseñar puramente lo transmitido. Por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo, el Magisterio de la Iglesia lo escucha devotamente, lo guarda celosamente y lo explica fielmente.

Los fieles, recordando la Palabra de Cristo a sus apóstoles: «El que a ustedes escucha, a mí me escucha» (Lc.10, 16), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas. El Magisterio de la Iglesia es un guía seguro en la lectura e interpretación de la Sagrada Escritura, «ya que nadie puede interpretar por sí mismo la Escritura» (2 Ped. 1, 20).

El Magisterio de la Iglesia orienta también el crecimiento en la comprensión de la fe. Gracias a la asistencia del Espíritu Santo, la comprensión de la fe puede crecer en la vida de la Iglesia cuando los fieles meditan la fe cristiana y comprenden internamente los misterios de la Iglesia. Es decir, el creyente vive la palabra de Dios en las circunstancias concretas de la historia y hace cada vez más explícito lo que estaba implícito en la Palabra de Dios.

En este sentido la Tradición divino-apostólica va creciendo, como sucede con cualquier organismo vivo.

Este es precisamente el significado que hay que dar a las definiciones dogmáticas, hechas por el Magisterio de la Iglesia.

Conclusión

1. Resumiendo, podemos decir que la Iglesia no saca solamente de la Escritura la certeza de toda la Revelación Divina.

2. La Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios, en el cual, como en un espejo, la Iglesia peregrinante contempla a Dios, fuente de todas sus riquezas.

3. El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido confiado únicamente al Magisterio de la Iglesia, a los obispos en comunión con el Papa.

4. La Tradición, la Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el plan de Dios, están íntimamente unidos, de modo que ninguno puede subsistir sin los otros. Los tres, cada uno según su carácter, y bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de los hombres.

Cuestionario

¿Qué fue primero: la Biblia o la Iglesia? ¿Qué significa la palabra revelación? ¿De cuántas maneras se reveló Dios al Hombre? ¿Qué ordenó Jesús antes de subir al cielo? ¿Cuándo se pusieron por escrito las enseñanzas de Jesús? ¿Qué significa la palabra Tradición Apostólica? ¿Basta la sola Biblia para la salvación? ¿Jesús fundó una Iglesia o mandó difundir la Biblia? ¿Cuál es la función del Magisterio?

domingo, 3 de febrero de 2013

Catolico conoce tu iglesia

CATOLICO CONOCE TU IGLESIA,
"""BY;HILARIO LARRY TORRES,

La cuaresma y Semana Santa

- Los católicos celebramos en estos días ¨LA
CUARESMA Y LA SEMANA SANTA¨. Recordamos la pasión y muerte de Jesús .
- ¿Sabes? Lo más importante en estos días de
Cuaresma es que te ¨CONVIERTAS¨.
¿ Y qué significa convertirse ? Convertirse
es ¨cambiar¨, luchar por quitarte lo malo, lo que ofende a Dios . Convertirse es también tratar de ser cada día mejor en todo lo que haces.

¿QUÉ ES EL MIÉRCOLES
DE CENIZA?
- La CUARESMA empieza el MIÉRCOLES DE CENIZA ; este día vamos a la Iglesia para que el Padre nos haga con ceniza una cruz en la frente y diga ¨Conviértete y cree en el Evangelio ¨ .
¿ Por qué hacemos ésto los católicos ?
- Esta costumbre es para recordarnos que todos algún día hemos de morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.
- Esto también significa que todo lo ¨material ¨, como nuestra casa, la comida y las cosas que
tenemos, se acaba, y lo único que nos llevamos de este mundo es ¨ LO BUENO Y LO MALO QUE HAYAMOS HECHO ¨ en nuestra vida.
¿ QUÉ ES LA CUARESMA ?
En la cuaresma recordamos los 40 días que Jesús pasó en el desierto rezando y sin comer para prepararse antes de salir a predicar.
- Cada año Dios te ofrece la Cuaresma como un tiempo especial para tres propósitos:
1) Arrepentirte de tus pecados
2) Hacer penitencia.
3) Convertirte.
1) ARREPENTIRTE DE TUS PECADOS :
- Es tiempo de pensar:
¿ Qué pecados he cometido ?
- Que de verdad te duela haber ofendido a Dios que ha sido tan bueno contigo.
Es tiempo de arrepentirse y pedir perdón.
- Si tus faltas son pequeñas, basta con que tú solo le pidas perdón a Dios y le digas que vas a luchar duro para no volverlo a hacer.

- Si tus faltas son graves, debes hacer una
CONFESION ; busca al Sacerdote, él es
quien puede darte el perdón de Dios.
- Recuerda que Dios te ama muchísimo y que
siempre te perdona.
2) HACER PENITENCIA :
- Si de verdad te duele haber ofendido a Dios, puedes REPARAR tus faltas, puedes purificar tu alma haciendo sacrificios.
¿ Qué es hacer un sacrificio ?. Es ofrecer a Dios , porque lo amas, cosas que te cuesten trabajo, como por ejemplo:
no comer algo que querías, ayudar a otro en su trabajo, ser amable con el que te cae gordo,etc. Cada uno escoge lo que más le cueste.
- En estos días de cuaresma piensa cada mañana:
¿ Qué sacrificio voy a ofrecer hoy a Dios ?

3) CONVERTIRTE :
- Convertirte es cambiar. Dejar de una vez por todas lo malo y buscar ser mejor.
¡ Si quieres cambiar, ahora es cuando !
Para cambiar de verdad, es muy importante que hagas buenos propósitos, que pienses cuales cosas concretas quieres cambiar y luego, cada noche, revises si cumpliste, verás como vas mejorando.
- Reza mucho... pídele a Dios su ayuda para cambiar. ¡ Con la ayuda de Dios, puedes lograr cualquier cosa !
AYUNO Y ABSTINENCIA :
- Durante la Cuaresma, la Iglesia nos pide dos sacrificios especiales :
1) AYUNAR --- es decir, hacer una sola comida fuerte al día , el miércoles de ceniza y el viernes santo.
El ayuno obliga a todas las personas de 18 a 59 años.
2) GUARDAR ABSTINENCIA --- es decir, no comer carne todos los viernes de cuaresma.
El no comer carne puede sustituirse por un sacrificio todo los viernes de cuaresma.
La abstinencia obliga desde los 14 años.

¿QUÉ ES SEMANA SANTA?
- Al final de la cuaresma los católicos celebramos la Semana Santa, en la que recordamos la pasión, muerte y resurrección de Jesús.
- La Semana Santa comienza con el DOMINGO DE RAMOS, este día recordamos cuando Jesús entró a Jerusalén y todo el pueblo lo alabó como Rey. Este día, los católicos llevamos palmas a la Iglesia , como los judíos en tiempo de Jesús, para que las bendigan.

EL JUEVES SANTO :

- El jueves de la Semana Santa, recordamos el día que Cristo tuvo la ULTIMA CENA con sus apóstoles. Esta cena es muy importante porque en ella Jesús,como sabía que iba a morir, quiso hacer algo para poder quedarse para siempre con los hombres.
¿ Y cómo hizo ésto ?
Dejándonos LA EUCARISTIA, o sea la COMUNION . Entonces, cada vez que comulgamos, Cristo que está en la hostia, entra en nuestra alma.

EL VIERNES SANTO :

- Después de la última cena, Jesús fué a rezar a un monte que se llamaba de los Olivos y allí lo tomaron preso.
- Después lo interrogaron, lo azotaron, le pusieron una corona de espinas, se burlaron de El y finalmente le clavaron en una cruz y murió.

- ¡ Cuánto habrá sufrido ese día Nuestro Senor! ¿Por qué El, siendo el hijo de Dios, quiso pasar todo este sufrimiento? Sólo por el grandísimo amor que te tiene a ti y a cada uno de los hombres; para perdonarte tus pecados y para que pudieras salvarte.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
- Después de su muerte, Cristo fué sepultado y al tercer día RESUCITÓ. Este domingo de resu-rrección es el día más importante de la Semana Santa, es el día de más alegría para nosotros los católicos.

- ¡ Cristo ha triunfado sobre la muerte! ¿ Y qué logró con ésto ? Abrir de nuevo las puertas del cielo, o sea que al morir, podamos salvarnos y vivir por siempre felices en compañía de Dios.
PROPÓSITO DEL MES :
Queremos invitarte a seguir estos propósitos la Semana Santa, para acompañar y mostrar tu amor a Jesús.En la portada del folleto viene un racimo de uvas; ilumina cada uva según vayas cumpliendo los propósitos.
LUNES --- Leer este folleto en familia.
MARTES --- Leer en la Biblia la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
MIÉRCOLES --- Pensar en mis defectos y en cómo mejorarlos.
JUEVES --- Dar gracias a Jesús por dejar nos la Comunión. Comulga.
VIERNES --- Visitar la Iglesia para acompañar a Cristo en su dolor.
SÁBADO --- Hacer un sacrificio especial.
DOMINGO --- Estar felices.Festejar en familia que Cristo ha resucitado.

jueves, 31 de enero de 2013

LOS FRUTOS DEL ESPIRITU SANTO,

CATOLICO CONOCE TU IGLESIA,
BY;HILARIO LARRY TORRES,

"El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley." -Gálatas 5:22-23

Cuando el Espíritu Santo da su frutos en el alma, vence las tendencias de la carne. Cuando el Espíritu opera libremente en el alma, vence la debilidad de la carne y da fruto.

"Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil" Mateo 26:41

Obras de la carne: Fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, superstición, enemistades, peleas, rivalidades, violencias, ambiciones, discordias, sectarismo, disensiones, envidias, ebriedades, orgías y todos los excesos de esta naturaleza. (Gálatas 5, 19)

Naturaleza de los frutos Espíritu Santo y la santificación

Al principio nos cuesta mucho ejercer las virtudes. Pero si perseveramos dóciles al Espíritu Santo, Su acción en nosotros hará cada vez mas fácil ejercerlas, hasta que se llegan a ejercer con gusto. Las virtudes serán entonces inspiradas por el Espíritu Santo y se llaman frutos del Espíritu Santo.

Cuando el alma, con fervor y dócil a la acción del Espíritu Santo, se ejercita en la práctica de las virtudes, va adquiriendo facilidad en ello. Ya no se sienten las repugnancias que se sentían al principio. Ya no es preciso combatir ni hacerse violencia. Se hace con gusto lo que antes se hacía con sacrificio.

Les sucede a las virtudes lo mismo que a los árboles: los frutos de éstos, cuando están maduros, ya no son agrios, sino dulces y de agradable sabor. Lo mismo los actos de las virtudes, cuando han llegado a su madurez, se hacen con agrado y se les encuentra un gusto delicioso. Entonces estos actos de virtud inspirados por el Espíritu Santo se llaman frutos del Espíritu Santo, y ciertas virtudes los producen con tal perfección y tal suavidad que se los llama bienaventuranzas, porque hacen que Dios posea al alma planamente.

La Felicidad Cuanto más se apodera Dios de un alma más la santifica; y cuanto más santa sea, más feliz es. Seremos mas felices a medida que nuestra naturaleza va siendo curada de su corrupción. Entonces se poseen las virtudes como naturalmente.

Los que buscan la perfección por el camino de prácticas y actos metódicos, sin abandonarse enteramente a la dirección del Espíritu Santo, no alcanzarán nunca esta dulzura. Por eso sienten siempre dificultades y repugnancias: combaten continuamente y a veces son vencidos y cometen faltas. En cambio, los que, orientados por el Espíritu Santo, van por el camino del simple recogimiento, practican el bien con un fervor y una alegría digna del Espíritu Santo, y sin lucha, obtienen gloriosas victorias, o si es necesario luchar, lo hacen con gusto. De lo que se sigue, que las almas tibias tienen doble dificultad en la práctica de la virtud que las fervorosas que se entregan de buena gana y sin reserva. Porque éstas tienen la alegría del Espíritu Santo que todo se lo hace fácil, y aquéllas tienen pasiones que combatir y sienten las debilidades de la naturaleza que impiden las dulzuras de la virtud y hacen los actos difíciles e imperfectos.

La comunión frecuente perfecciona las virtudes y abre el corazón para recibir los frutos del Espíritu Santo porque nuestro Señor, al unir su Cuerpo al nuestro y su Alma a la nuestra, quema y consume en nosotros las semillas de los vicios y nos comunica poco a poco sus divinas perfecciones, según nuestra disposición y como le dejemos obrar. Por ejemplo: encuentra en nosotros el recuerdo de un disgusto, que aunque ya pasó, ha dejado en nuestro espíritu y en nuestro corazón una impresión, que queda como simiente de pesar y cuyos efectos sentimos en muchas ocasiones. ¿Qué hace nuestro Señor? Borra el recuerdo y la imagen de ese descontento, destruye la impresión que se había grabado en nuestras potencias y ahoga completamente esta semilla de pecados, poniendo en su lugar los frutos de caridad, de gozo, de paz y de paciencia. Arranca de la misma manera las raíces de cólera, de intemperancia y de los demás defectos, comunicándonos las virtudes y sus frutos.

martes, 22 de enero de 2013

CATOLICO CONOCE TU IGLESIA,

CATOLICO CONOCE TU IGLESIA BY ;HILARIO LARRY TORRES,
La Sede Apostólica en la Doctrina Católica

La Doctrina Católica sostiene ambos extremos y predica del Papa una serie de atributos, cuales son la supremacía y la plenitud de las potestades de régimen (Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial) y de magisterio.

Por un lado, esto implica la supremacía del poder del Papa en todas las cuestiones referidas al gobierno y disciplina de la Iglesia, potestad que además es plena e inmediata y que puede ejercer sobre todos los pastores y todos los fieles.

Así, la jurisdicción de la Santa Sede como tal se estableció en los siguientes términos:

    Romanus Pontifex, Beati Petri in primatu Successor, habet non solum primatum honoris, sed supremam et plenam potestatem iurisdictionis in universam ecclesiam tum in rebus quae ad fidem et mores, tum in iis quae ad disciplinam et regimen ecclesiae per totum orbem diffusae pertinent. Haec potestas est vere episcopalis, ordinaria et immediata tum in omnes et singulas ecclesias, tum in omnes et singulos pastores et fideles, a quavis humana auctoritate independens.[4][Nota 1]

Por el otro, significa que la función de enseñar de la Iglesia adquiere un cariz especial en la persona del Romano Pontífice, puesto que su magisterio ordinario goza de una consideración especial y puesto que es la única persona que individualmente goza del privilegio de la infalibilidad, es decir, que cuando define como revelada por Dios una determinada doctrina sobre la Fe o la Moral está preservado del error.
Contenido de la posición de la Santa Sede

La posición de la Santa Sede en la Doctrina Católica tiene un contenido esencial que queda reflejado fielmente en el Dictatus Papae, una serie de principios y reglas que se atribuyen a Gregorio VII y que datan del siglo XI.

El Dictatus Papae contiene los siguientes principios y reglas:

    Que la Iglesia Romana fue fundada sólo por Dios.
    Que solamente el Romano Pontífice tiene derecho a ser llamado universal.
    Que sólo él puede deponer y reintegrar Obispos.
    Que su legado en un Concilio está por encima de todos los Obispos, aunque sea de rango inferior, y puede dictar contra ellos sentencia de deposición.
    Que el Papa puede deponer a los ausentes.
    Que, entre otras cosas, no debemos permanecer en la misma casa con aquellos excomulgado por él.
    Que solamente para él es lícito, según las necesidades de la época, formular leyes nuevas, reunir congregaciones nuevas, convertir una abadía de canonjía o viceversa y dividir una diócesis rica o fusionar varias pobres.
    Que solamente él puede usar la insignia imperial.
    Que solamente al Papa besarán los pies todos los príncipes.
    Que su nombre será pronunciado en las iglesias.
    Que este título es único en el mundo.
    Que sólo a él es lícito deponer emperadores.
    Que sólo a él es lícito trasladar Obispos cuando sea necesario.
    Que el Romano Pontífice tiene el poder de ordenar un clérigo en cualquier iglesia que le plazca.
    Que quien que es ordenado por él puede presidir sobre otra iglesia, pero no puede tener una posición subordinada; y que tal persona no puede recibir un rango más alto de ningún Obispo.
    Que ningún sínodo será general sin su orden.
    Que ningún capítulo y ningún libro se considerarán canónicos sin su autoridad.
    Que su sentencia no puede ser rechazada por nadie, y que él solo puede rechazar la de todos.
    Que nadie se atreverá condenar a quien apele a la Sede Apostólica.
    Que a la Sede Apostólica se deben reservar los casos más importantes de cada iglesia.
    Que la Iglesia Romana nunca ha errado, ni errará por toda la eternidad, según el testimonio de las Escrituras.
    Que el Romano Pontífice, si ha sido ordenado canónicamente, es santificado por los méritos de San Pedro, según el testimonio del Obispo de Pavia y de muchos padres santos que concuerdan con él y según lo contienen los decretos de Santo Papa Símaco.
    Que por su orden y con su consentimiento es lícito a los subordinados formular acusaciones.
    Que puede deponer y reintegrar Obispos sin convocar un sínodo.
    Que quien no esté en paz con la Iglesia Romana no será considerado Católico.
    Que tiene el poder de absolver a los súbditos de su obligación de lealtad hacia hombres inicuos.

Estos principios y reglas son el resumen de la Doctrina Católica, que sostiene la supremacía de la Sede Apostólica.

jueves, 17 de enero de 2013

Celevrando el año de la fe,

CATOLICO CONOCE TU IGLESIA BY ;HILARIO LARRY TORRES
CELEBRANDO EL AÑO DE LA FE Y LA NUEBA EVANGELIZACION
LAS VIRTUDES OY CONPARTIRE UNA DE ELLAS TA INPORTANTE
COMO TODAS LAS DEMAS LA PUNTUALIDAD,
La puntualidad

La puntualidad es una virtud que nos lleva a “actuar con diligencia, que nos lleva a hacer las cosas que debemos a su debido tiempo y sin dilatarlas”. Es el cuidado, diligencia y exactitud en el tiempo para cumplir con nuestras obligaciones.

Esta virtud tiene dos ámbitos en donde se apoya: la de valorar el tiempo que Dios nos ha dado y del cual tendremos que rendir cuentas. Y el respeto del tiempo ajeno.

Sabemos que el tiempo que tenemos de vida terrena es un período que Dios nos ha otorgado para que ganemos nuestra salvación, de ahí la importancia de usarlo bien y aprovecharlo. Es tiempo de gracia que se cerrará el día de la muerte. El fruto del orden en el manejo y el uso del tiempo se verá al final de nuestros días y de nuestras vidas. Su buen o mal uso implicará (como en todas las virtudes) otras virtudes, como la generosidad, la responsabilidad, el orden y la justicia.

En la medida en que organicemos bien nuestro tiempo le sacaremos mejor provecho y desarrollaremos al máximo los talentos que Dios nos ha dado para nuestra mejora personal y el bien de las personas que nos rodean. Si despreciamos nuestro tiempo, no sabremos sacarle el provecho que Dios esperaba de nosotros y nos lo aclaró en la parábola de los talentos.

Y cuando decimos utilizar bien el tiempo no decimos sólo hacer “grandes cosas”, sino hacer lo diario, lo cotidiano de manera ordenada optimizando el tiempo que Dios nos dio. La Santísima Virgen en su hogar estaba abocada a tareas sencillas pero lo hacía con esmero y dedicación. Lo mismo San José o el mismo Jesús antes que llegara el momento de dedicarse a “las cosas del Padre”. Si no valoramos el uso del tiempo en lo cotidiano nos levantaremos a cualquier hora (porque creemos que podemos hacerlo), daremos vueltas media mañana por la casa sin hacer nada concreto, pasaremos horas interminables hablando por teléfono y chateando con cualquiera. No tendremos ningún elemento que nos ordene mejor el tiempo (como una agenda para ir tachando las tareas ya realizadas y las que falten), elegiremos rodearnos de amigos similares y hasta vagos que no nos sirvan de reproche a nuestras conciencias y menos nos exigiremos en hacer un examen de conciencia al final del día para ver cómo hemos empleado el tiempo. Le escaparemos a los horarios, a las agendas, a los compromisos que nos exijan un cumplimiento.

Lo dramático es que este desorden en el buen uso del tiempo que nos fue dado, de sus frutos y obras (del cual habremos de rendir cuentas) se genera hábito y puede arrastrarse toda la vida. Se convierte luego en un estilo de vida de vagancia que nos hará llegar con las manos vacías al Juicio Final. El segundo ámbito es el respeto al tiempo ajeno. No se trata solamente de llegar a la hora fijada como una competencia a secas, sino de pensar en respetar los Derechos del prójimo. Esta virtud exige auto disciplina y consideración hacia los demás. Las personas tienen derecho a disponer de su tiempo en actividades que esperarnos en una esquina o un café mirando su reloj durante una interminable hora. Nuestra impuntualidad no es una señal de “distinción” como a veces creemos, sino que puede generar, en la mayoría de los casos, una cascada de situaciones injustas hacia los demás.

Si por ejemplo nos demoramos en llegar a una comida porque nos entretuvimos con la computadora o chateando con un amigo, tenemos que saber las posibles consecuencias. Esa hora de retraso generará seguramente inquietud y nerviosismo en la dueña de casa que se preocupará si la comida se le pasará y dudará en ofrecer o no algo para acortar la espera (que desmerecerá su cena). Tal vez hasta verá en parte sus ilusiones de lucirse con la comida desvanecida...

Si toda la familia se ha organizado en reunirse para ver el partido por televisión y nosotros llegamos en la mitad del partido, no sólo nos habremos perdido los comentarios y el ambiente previo, sino que seguramente molestaremos al llegar interrumpiendo a todos con los saludos. Hay ocasiones que exigen el especial respeto y consideración de todos los miembros de la familia, porque el buen clima dependerá de pequeños detalles con los cuales estamos obligados a colaborar. Si no contribuimos todos y cada uno en generar este clima, cualquier detalle puede echar todo a perder porque la paciencia y buena voluntad de los demás se habrán agotado con nuestras desconsideraciones.

Si tenemos que salir juntos en familia para la misa de Nochebuena y nosotros llegamos sucios y con la pelota de fútbol o la raqueta de tenis en la mano a las nueve de la noche, tenemos que saber que eso le habrá generado seguramente mucha mortificación a nuestros padres que tenían derecho ese día tan especial y único del año a poder hacer este programa de familia relajados y en paz y no tensionados hasta último momento por nuestra injustificable demora. El llegar a último momento implicará que nos ducharemos y dejaremos el baño empañado y no en óptimas condiciones para cuando volvamos de Misa, lo que seguramente molestará mucho a nuestra madre que se había preparado para recibir a la familia esa noche con la casa en óptimas condiciones. Esta actitud tan egoísta (que en este caso se proyectará en nuestra impuntualidad) puede aún generar mal clima en la cena. Debido a nuestra injusta desconsideración y a los trastornos que causaremos inútilmente podremos arruinarles, en parte, la Navidad. Y no tensionados hasta último momento por nuestra injustificable demora. El llegar a último momento implicará que nos ducharemos y dejaremos el baño empañado y no en óptimas condiciones para cuando volvamos de Misa, lo que seguramente molestará mucho a nuestra madre que se había preparado para recibir a la familia esa noche con la casa en óptimas condiciones. Esta actitud tan egoísta (que en este caso se proyectará en nuestra impuntualidad) puede aún generar mal clima en la cena. En ese caso el disponer de un margen de tiempo prudente para que nadie se inquiete por nosotros (y no alterar los derechos de otros a disfrutar en paz) en fechas importantes como aniversarios, cumpleaños, casamientos, etc. No sólo será puntualidad sino generosidad, orden, responsabilidad y justicia, lo que redundará en la armonía familiar.

Lo cristiano es tener un alma fina que se preocupa por lo que generamos en el prójimo, no piel de rinoceronte, gruesa, insensible e impenetrable, indiferente hacia los derechos y preocupaciones ajenas.

Decir al otro por celular que llegaremos en “cinco minutos” cuando estamos a quince kilómetros del lugar es una mentira anticipada en la mayoría de los casos. Si estamos llegando en coche, la única manera de cumplir este plazo es que nos estemos bajando del auto ya estacionado y que el lugar de encuentro sea a 50 metros y no tengamos que cruzar todavía ninguna avenida o tomar ascensores abarrotados. Lo mismo cuando decimos “ya llegué” y no nos están viendo porque todavía estamos a dos cuadras. No hay que confundir la realidad con una expresión de deseo. Querría tal vez llegar en 5 minutos, pero la realidad es que recién estoy a 10 kilómetros del lugar y no me organicé para lograrlo. El llegar abarrotados de excusas no cambiará para nada que nos hayamos apropiado del tiempo ajeno y se lo hayamos hecho desperdiciar, lo que va más allá muchas veces de un simple acto de descortesía y desconsideración al otro. El dejar a una paciente durante horas sentada en un consultorio cuando tenía su turno confirmado y ha viajado tal vez cientos de kilómetros para hacer la consulta siempre será una falta de respeto al tiempo ajeno. Todos entendemos las urgencias, las operaciones imprevistas que pueden surgir, pero por ejemplo, concretamente en muchos médicos es ya un hábito.

Personalmente en una oportunidad viajé 1.400 kms para una consulta con un oculista muy conocido a quien además tuve que esperar 8 horas en el consultorio. Después me explicaron que era habitual en él, que era su estilo de trabajar pero que era muy buen oculista. El nivel académico de una persona (que puede ser excelente) no le exime de la virtud. En este caso del respeto al tiempo ajeno. En estas situaciones, las operaciones o imprevistos que pudieran surgir obligarán a cancelar los turnos con las debidas explicaciones y los pacientes podrán disponer de todo ese día para tal vez visitar a un familiar cercano que hace meses que no ven por la distancia, conocer la ciudad, salir de compras etc.

Esto es también general en todos los espectáculos, ya sean deportivos (partidos, competencias)o culturales (conferencias, presentaciones de libros etc.). Como es tan habitual que comiencen una o dos horas más tarde ya las personas llegan, no al horario previsto, sino para no tener que esperar, otra hora más tarde también, lo cual genera un caos. La gravedad de la impuntualidad entonces, dependerá de cada caso y cómo la persona se vio afectada. No es lo mismo dejar plantada media hora a mi amiga del colegio a la salida de clase (cuando le había pedido que me esperase) que llegar tarde a un asado de 10 personas (donde probablemente habrán empezado después de esperarme una hora y todos comerán el asado pasado por culpa mía) a que el Presidente de la Nación deje una hora en la antesala de su despacho a un Cardenal, lo cual ya significa algo mucho más grave y más profundo como el desprecio a la institución que representa.

En la vida de comunidad (desde la vida religiosa, un campamento en la montaña, una reunión de padres en el colegio o de un simple consorcio del edificio) es importante respetar el tiempo y los horarios para no interferir en el tiempo de los otros.

Lo contrario de la puntualidad es la impuntualidad. Una sociedad que recibe como único mensaje que a nadie deberemos rendir cuentas de nuestra vida y menos el día del Juicio y de que nuestro “yo” es el centro del universo, es evidente que no encuentra ya más sentido en respetar y hacerse cargo del buen uso de su propio tiempo y menos de responder por haberse “apropiado” del ajeno.

domingo, 13 de enero de 2013

""""RELIGION Y FILOSOFIA BY;HILARIO LARRY TORRES,""

La filosofía y la religión

La religión le presenta autoritativamente al hombre la solución de los problemas humanos que también le conciernen a la filosofía. Tales son las cuestiones de la naturaleza y atributos de Dios, de sus relaciones con el mundo visible, del origen y destino del hombre. Ahora la religión, que precede a la filosofía en la vida social, naturalmente obliga a tomar en consideración los puntos de la doctrina religiosa. De ahí la estrecha relación de la filosofía con la religión en las primeras etapas de la civilización, un hecho sorprendentemente evidente en la filosofía india, que, no sólo en sus comienzos, sino en todo su desarrollo, estaba íntimamente ligada a la doctrina de los libros sagrados (vea arriba). Los griegos, al menos durante los períodos más importantes de su historia, estaban mucho menos sujetos a las influencias de las religiones paganas; de hecho, combinaban con escrupulosidad extrema en lo que concernía al uso ceremonial una amplia libertad respecto al dogma. El pensamiento griego pronto tomó su vuelo independiente; Sócrates se burlaba de los dioses en los que creía la gente común; Platón no destierra las ideas religiosas de su filosofía, pero Aristóteles las mantiene totalmente aparte, su Dios es el Actus purus, con un significado exclusivamente filosófico, el principal motor del mecanismo universal.

Los estoicos señalan que todas las cosas obedecen a una fatalidad irresistible y que el hombre sabio no teme a los dioses. Y si Epicuro enseña el determinismo cósmico y niega toda finalidad, es sólo para concluir que el hombre puede dejar de lado todo miedo a la intervención divina en los asuntos mundanos. La cuestión toma un nuevo aspecto cuando las influencias de las religiones orientales y judías comienzan a incidir sobre la filosofía griega mediante el neopitagorismo, la teología judía (finales del siglo I), y, sobre todo, el neoplatonismo (siglo III a.C.). Un anhelo por la religión se movía en el mundo, y la filosofía se enamoró de toda doctrina religiosa. Plotino (siglo III d.C.), que seguirá siendo siempre el tipo más perfecto de la mentalidad neoplatónica, dice que la filosofía es idéntica a la religión, y le asigna como su mayor objetivo la unión del alma con Dios por medios místicos. Esta necesidad mística de los temas sobrenaturales resultó en las más extravagantes elucubraciones de los sucesores de Plotino, por ejemplo, Jámblico (m. hacia el año 330), que, basándose en el neoplatonismo, erigió un panteón internacional para todas las divinidades cuyos nombres se conocían.

Se ha señalado a menudo que el cristianismo, con sus dogmas monoteístas y su serena y purificadora moral, llegó en la plenitud de los tiempos y apaciguó la inquietud interior que afligía a las almas al final del mundo romano. Aunque Cristo no se hizo el jefe de una escuela filosófica, la religión que fundó provee soluciones para un grupo de problemas que la filosofía resuelve por otros medios (por ejemplo, la inmortalidad del alma). Los primeros filósofos cristianos, los Padres de la Iglesia, estaban imbuidos de las ideas griegas y tomaron del neoplatonismo circundante la mezcla de la filosofía y la religión. Para ellos la filosofía es incidental y secundaria, usada sólo para satisfacer las necesidades de polémica y para apoyar el dogma; su filosofía es religiosa. En esto Clemente de Alejandría y Orígenes concurren con San Agustín y con Dionisio el Pseudo-Areopagita.

La alta Edad Media continuó las mismas tradiciones, y se puede decir que los primeros filósofos recibieron las influencias neoplatónicas a través del canal de los Padres. Juan Escoto Eriúgena (siglo IX), la mente más notable de este primer período, escribe que "la verdadera religión es verdadera filosofía y, a la inversa, la verdadera filosofía es verdadera religión” (De div. Praed., I, I). Pero a medida que avanza la era surge un proceso de disociación, el cual termina en la separación total entre las dos ciencias de la teología escolástica o el estudio del dogma, basado fundamentalmente en la Sagrada Escritura y la filosofía escolástica, basada en la investigación puramente racional. Para entender las etapas sucesivas de esta diferenciación, que no se completó hasta mediados del siglo XIII, debemos llamar la atención sobre ciertos hechos históricos de importancia capital.

(1) El origen de varios problemas filosóficos, en la alta Edad Media, debe ser buscado dentro del dominio de la teología dogmática, en el sentido que las discusiones filosóficas surgieron en referencia a las cuestiones teológicas. La discusión, por ejemplo, de la transubstanciación (Berengario de Tours), hizo surgir el problema de la substancia y del cambio, o devenir.

(2) Al considerarse la teología como una ciencia superior y sagrada, toda la organización pedagógica y didáctica de la época llevó a la confirmación de dicha superioridad (vea la sección XI).

(3) El entusiasmo por la dialéctica, que alcanzó su máximo en el siglo XI, puso de moda ciertos métodos de razonamiento puramente verbales limítrofes de la sofística. Anselmo de Besata (Anselmo Peripatético) es el tipo de esta clase de razonador. Ahora los dialécticos, en la discusión de temas teológicos, reclamaban validez absoluta para sus métodos, y terminaron en herejías tales como la predestinación de Gottschalk, la transubstanciación de Berengario y el triteísmo de Roscelin. El lema de Berengario fue: Per omnia ad dialecticam confugere. Siguió una reacción excesiva por parte de los teólogos timoratos, hombres prácticos antes que todo, que acusaron a la dialéctica por los pecados de los dialécticos. Este movimiento antagónico coincidió con un intento de reformar la vida religiosa. A la cabeza del grupo estaba San Pedro Damián (1007-1072), el adversario de las artes liberales; fue el autor de la frase de que la filosofía es sierva de la teología. De este dicho se ha concluido que la Edad Media en general puso a la filosofía bajo tutela, mientras que la máxima estaba en boga sólo entre un reducido círculo de teólogos reaccionarios. Lado a lado con Pedro Damián en Italia estaban Manegold de Lautenbach y Othloh de San Emeram, en Alemania.

(4) Al mismo tiempo se comenzó a discernir una nueva tendencia en el siglo XI, en Lanfranco, William de Hirschau, Rodulfo Arden y en particular San Anselmo de Canterbury; el teólogo pide la ayuda de la filosofía para demostrar ciertos dogmas o para demostrar su parte racional. San Anselmo, en un espíritu agustiniano, intentó esta justificación del dogma, aunque quizá aplicando invariablemente al valor demostrativo de sus argumentos las limitaciones necesarias. En el siglo XIII estos esfuerzos resultaron en un nuevo método teológico, la dialéctica.

(5) Mientras continuaron estas controversias en cuanto a las relaciones de la filosofía y la teología, muchas cuestiones filosóficas, sin embargo, fueron tratadas por su propia cuenta, como hemos visto anteriormente (universales, la teodicea de San Anselmo, la filosofía de Pedro Abelardo, etc.)

(6) El método dialéctico, desarrollado completamente en el siglo XII, justo cuando la teología escolástica recibía un poderoso ímpetu, es un método teológico, no filosófico. El principal método en teología es la interpretación de la Escritura y de la autoridad; el método dialéctico es secundario y consiste en establecer primero un dogma y luego demostrar su racionabilidad, confirmando el argumento a partir de la autoridad por el argumento a través de la razón. Es un proceso de apologética. Desde el siglo XII en adelante, estos dos métodos teológicos se distinguen bastante por las palabras auctoritates, rationes. La teología escolástica, condensada en las “summae” y “libros de sentencias” fue de ahí en adelante considerada como distinta a la filosofía. La actitud de los teólogos hacia la filosofía es triple: un grupo, el menos influyente, todavía se opone a su introducción en la teología, y prosigue con las tradiciones reaccionarias del período precedente (por ejemplo, Gauthier de Saint-Víctor); otro acepta la filosofía, pero toma una actitud utilitaria de ella, considerándola meramente como un pilar del dogma (Pedro Lombardo); un tercer grupo, el más influyente, puesto que incluye las tres escuelas teológicas de San Víctor, Pedro Abelardo y Gilberto de la Porrée, le concede a la filosofía, en adición a su rol apologético, un valor independiente que le da derecho a ser cultivada y estudiada por sí misma. Los miembros de este grupo son a la vez teólogos y filósofos.

(7) A comienzos del siglo XIII una parte de los teólogos agustinos continuaron enfatizando el oficio utilitario y apologético de la filosofía. Pero Santo Tomás creó nuevas tradiciones escolásticas, y escribió un capítulo sobre metodología científica en la cual establece completamente la distinción y la independencia de las dos ciencias. Juan Duns Escoto, de nuevo, y los terministas exageraron esta independencia. El averroísmo latino, que tuvo una brillante pero efímera boga en los siglos XIII y XIV, aceptó todo y entero en la filosofía el peripatetismo averroísta, y, para salvaguardar la ortodoxia católica, se refugiaron detrás del sofisma de que lo que es verdad en la filosofía puede ser falso en teología y, viceversa ---en lo cual eran más reservados que Averroes y los filósofos árabes, que consideraban la religión como algo inferior, lo suficientemente bueno para las masas, y que no se molestaban por la ortodoxia musulmana. Lully, yéndose a los extremos, sostuvo que todo dogma es susceptible de demostración, y que la filosofía y la teología se unen. Tomada en su conjunto, la Edad Media, profundamente religiosa, buscó constantemente reconciliar su filosofía con la fe católica. La filosofía del Renacimiento rompió este vínculo. En el período de la Reforma un grupo de publicistas, habida cuenta de las luchas actuales, formaron proyectos de reconciliación entre los numerosos organismos religiosos. Ellos estaban convencidos de que todas las religiones tienen un fondo común de verdades esenciales en relación con Dios, y que su contenido es idéntico, a pesar de los dogmas divergentes. Además, el teísmo, siendo sólo una forma de naturalismo aplicado a la religión, se adaptó a las formas independientes del Renacimiento. Al igual que en la construcción de la ley natural, se tomó en cuenta la naturaleza humana, por lo que la razón fue interrogada para descubrir las ideas religiosas. Y de ahí la amplia aceptación del teísmo, no sólo entre los protestantes sino generalmente entre las mentes que habían sido arrastradas por el movimiento renacentista (Desiderio Erasmo, Coornheert).

La filosofía moderna en más de una instancia ha sustituido esta tolerancia o indiferentismo religioso por un desprecio de las religiones positivas. El teísmo inglés o deísmo de los siglos XVII y XVIII critica toda religión positiva y, en nombre de un sentido religioso innato, construye una religión natural que se puede reducir a una colección de tesis sobre la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. El iniciador de este movimiento fue Herbert de Cherbury (1581-1648; J. Toland (1670-1722), Tindal (1656-1733), y Lord Bolingbroke tomó parte en él. Este movimiento critico, inaugurado en Inglaterra fue adoptado en Francia, donde se combinó con un rotundo odio al catolicismo. Pierre Bayle (1646-1706) propuso la tesis de que toda religión es anti-racional y absurda, y que es posible un estado compuesto por ateos. Voltaire quiso sustituir el catolicismo por una masa incoherente de doctrinas acerca de Dios. La filosofía religiosa del siglo XVIII en Francia llevó al ateísmo y pavimentó el camino para la Revolución. Haciendo justicia a la filosofía contemporánea se le debe acreditar con la enseñanza de la más amplia tolerancia hacia las diversas religiones; y en su programa de investigación ha incluido la psicología de las religiones, o el estudio del sentimiento religioso.

A favor de la filosofía católica, las relaciones entre la filosofía y la teología, entre la razón y la fe, fueron fijadas en un capítulo de metodología científica por los grandes pensadores escolásticos del siglo XIII. Sus principios, que todavía retienen su validez, son como sigue:

(a) Diferencia entre las dos ciencias: La independencia de la filosofía respecto a la teología, como respecto a cualquiera otra ciencia, es sólo una interpretación de este innegable principio del progreso científico, tan aplicable en el siglo XXI como lo fue en el siglo XIII, que una ciencia correctamente constituida deriva su objetivo formal, sus principios y su método constructivo de sus propios recursos, y que, siendo esto así, no puede tomar prestado de ninguna otra ciencia sin comprometer su propio derecho a existir.

(b) Material negativo, no positivo, no formal, subordinación de la filosofía respecto a la teología: Esto significa que, mientras las dos ciencias mantienen su independencia formal (la independencia de los principios por los que se guían sus investigaciones), hay ciertos asuntos donde la filosofía no puede contradecir las soluciones presentadas por la teología. Los escolásticos de la Edad Media justificaban esta subordinación, pues estaban profundamente convencidos de que el dogma católico contiene la infalible palabra de Dios, la expresión de la verdad. Una vez que una proposición, por ejemplo, que dos más dos son cuatro, ha sido aceptada como cierta, la lógica prohíbe a cualquier otra ciencia que forme ninguna conclusión subversiva de esa proposición. La subordinación mutua material de las ciencias es una de esas leyes de las cuales la lógica hace la indispensable garantía de la unidad de conocimiento. “La verdad debidamente demostrada por una ciencia sirve como una atalaya para otra ciencia.” "La certeza de una teoría de la química impone su aceptación en la física, y el físico que vaya en contra de ella estaría fuera de su curso. Del mismo modo, el filósofo no puede contradecir los datos certeros de la teología, más de lo que puede contradecir las conclusiones ciertas de las ciencias particulares. Negar esto sería negar la conformidad de la verdad con la verdad, impugnar el principio de contradicción, rendirse a un relativismo que es destructivo de toda certeza. "Suponiendo que en esta ciencia (la sagrada teología) no se incluye nada más que lo que es cierto... suponiendo que cualquier cosa que sea verdadera por la decisión y la autoridad de esta ciencia de ninguna manera puede ser falsa por la decisión de la recta razón: estas cosas, digo, suponiendo, ya que se manifiesta desde ellas que la autoridad de esta ciencia y la razón descansan por igual en la verdad, y una verdad no puede ser contraria a otra, hay que decir absolutamente que la razón no puede de ninguna manera ser contraria a la autoridad de esta Escritura, más aún, toda recta razón está de acuerdo con ella." (Enrique de Ghent, “Summa Theologica”, X, III, n. 4).

Pero ¿cuándo es cierta una teoría? Esta es una cuestión de hecho y el error es fácil. A medida que el principio es simple y absoluto, así de complejas y variables son sus aplicaciones. No corresponde a la filosofía establecer la certeza de los datos teológicos, no más que para fijar las conclusiones de la química o la fisiología. La certeza de esos datos y esas conclusiones debe proceder de otra fuente. "Se tiene la idea preconcebida de que un sabio católico es un soldado al servicio de su fe religiosa, y que, en sus manos, la ciencia es sólo un arma para defender su credo. A los ojos de un gran número de personas, el sabio católico parece estar siempre bajo la amenaza de excomunión, o enredado en los dogmas que lo obstaculizan, y obligado, en aras de la lealtad a su fe, de renunciar al amor desinteresado por la ciencia y su cultivo libre "(Mercier, "Rapport sur les études supér. De philos.", 1891, p. 9). Nada p